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5/3/10

Carlitos way

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Un día como hoy pero el miércoles, en medio de la euforia orgásmica opositora, un pibe que no es cuervo sino abogado, que no es periodista sino peronista, le hizo una pregunta de fondo y otra de forma a tres senadores nacionales:


Quizás también recuerden a Carlitos de otras superproducciones como esta.

31/7/09

Abogado, intelectual y peronista

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Un día como hoy, cada año, se cumple un aniversario del asesinato del abogado que con su ejemplo de compromiso convenció a muchos jóvenes de estudiar una carrera más conocida por ser criadero de cuervos que cuna de justicia. El pelado Ortega Peña nos sigue enseñando que la educación universitaria y la formación intelectual, asumida con seriedad y compromiso, genera una obligación con los trabajadores y los desheredados.

Por eso, algún otro día como hoy, escribimos:

Un día como hoy pero de 1974 uno de los tantos Diputados de la Nación viajaba en un taxi, luego de almorzar con su mujer. Lo venían siguiendo tres tipos en un Fairlane verde. Cuando se baja, en la calle Carlos Pellegrini y Arenales, los tipos lo acribillan a balazos. Los asesinos eran de la triple A. El Diputado era Rodolfo Ortega Peña, un abogado que hacía Justicia con su profesión y con su compromiso. Un día peronista para recordar a Rodolfo y a todos los bogas que con las Leyes y el Derecho hacen Justicia.

3/11/08

Se lanza AJUS

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Un día como hoy pero dentro de 17 días se lanza este bondi de bogas peronistas. Un saludo desde aquí a estos amigos y amigas leguleyas que quieren hacer "de la profesión" algo justo.

21/10/08

AFJP: Al final, jubilación peronista

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Un día como hoy pero hoy la Presidenta anuncia sus intenciones de re-estatizar el Sistema Previsional, para ponerle fin al sistema de AFJP. Mientras tanto, la gorda Carrió con su buena onda anuncia algo así como que "en realidad se estan abriendo las aguas del mar muerto y el régimen quiere contrabandear por ahí todo el maná de los jubilados para meterlos en el arca perdida de De Vido, y te lo digo yo que soy pitonisa y estudié ciencias políticas y no me como la del becerro de oro". Un juez hoy tuvo que pararles la moto a los Lemhancitos de las AFJP porque habían salido a "modificar sus activos", que es un eufemismo para decir que se querían chorear lo último que podían. La prensa no sabe para que lado agarrar, el discursito neoliberal no pega porque en el mundo entero los presidentes estan a un paso estatizar el aire. Igualmente el partido de la prensa respira porque tiene algún tema para hablar: el versito de "el país dividido" y toda la perorata al respecto del cambio de horario presentado a la sociedad como si fuera una medida cocoliche no pegaba, era una vergüenza y estaba aburriendo. También habían inventado una fuga de cerebros que no midió ni un poquito A Mauricio se le cae el castillo de naipes pero en Clarín sólo te dicen que los docentes ya hicieron 9 paros en lo que va del año. Iguamente, a Tenembaun no le parece que los medios tengan agenda política. Mientras la bola de nieve antikirchnerista esta por estrellarse contra un busto de Perón, el compañero Héctor debe de estar chocho por lo que pasó hoy. En fin, un día peronista más, con solcito de final. Veremos como sigue.

17/10/08

Subsuelo

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Un día como hoy pero de 1945 se subleva el subsuelo de la patria. En este pasquín se ha cubierto in extenso el tema el año pasado, en una cronología que revisa los hechos sucedidos el nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciseis, diecisiete y dieciocho de octubre. En la blogosfera, hoy hablan del tema Walter, Catanpeist y Manolo. Los Autores la completan con este textito de Raúl Scalabrini Ortiz, una de tantas obras maestras inspiradas por el suceso histórico de los trabajadores argentinos, de la que sale la famosa frase que describe tan bien la aparición del sujeto histórico peronista. Medio largo, pero lo recomendamos entero. Y feliz día compañeros, que este es un día peronista en serio.

Es increíble y hasta admirable el poder de persuaden y de ejecución de nuestra oligarquía. En el mes de octubre de 1945, el coronel Perón fue destituido y encarcelado. El país azorado se enteraba de que el asesor de la formación del nuevo gabinete era el doctor Federico Pinedo, personaje a quien no puede calificarse sino con la ignominia de su propio nombre. El Ministerio de Obras Públicas había sido ofrecido al ingeniero Atanasio Iturbe, director de los Ferrocarriles británicos, que optó por esconderse detrás de un personero. El Ministerio de Hacienda sería ocupado por el doctor Alberto Hueyo, gestor del Banco Central y presidente de la Cade, entidad financiera que tiene una capacidad de corrupción de muchos kilovatios.

La oligarquía vitalizada reflorecía en todos los resquicios de la vida argentina. Los judas disfrazados de caballeros asomaban sus fisonomías blanduzcas de hongos de antesala y extendían sus manos pringadas de avaricia y de falsía. Todo parecía perdido y terminado. Los hombres adictos al coronel Perón estaban presos o fugitivos. El pueblo permanecía quieto en una resignación sin brío, muy semejante a una agonía.

Con la resonancia de un anatema sacudía mi memoria el recurso de las frases con que hace muchos años nos estigmatizó al escritor Kasimir Edschmidt. "Nada es durable en este continente, había escrito. Cuando tienen dictaduras, quieren democracias. Cuando tienen democracia, buscan dictaduras. Los pueblos trabajan para imponerse un orden, articularse, organizarse y configurarse, pero, en definitiva, vuelven a combatir. No pueden soportar a nadie sobre ellos. Si hubieran tenido un Cristo o un Napoleón, lo hubieran aniquilado".

Pasaban los días y la inacción aletargada y sin sobresaltos parecía justificar a los escépticos de siempre. El desaliento húmedo y rastrero caía sobre nosotros como un ahogo de pesadilla. Los incrédulos se jactaban de su acierto. Ellos habían dicho que la política de apoyo al humilde estaba destinada al fracaso, porque nuestro pueblo era de suyo cicatero, desagradecido y rutinario. La inconmovible confianza en las fuerzas espirituales del pueblo de mi tierra que me había sostenido en todo el transcurso de mi vida, se disgregaba ante el rudo empellón de la realidad.

Pensaba con honda tristeza en esas cosas en esa tarde del 17 de octubre de 1945. El sol caía a plomo cuando las primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pingües, de restos de breas, grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir.

Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos, iba junto al rubio de trazos nórdicos y el trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. El río cuando crece bajo el empuje del sudeste disgrega su enorme masa de agua en finos hilos fluidos que van cubriendo los bajidos y cilancos con meandros improvisados sobre la arena en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que ignora que es el anticipo de la inundación. Así avanzaba aquella muchedumbre en hilos de entusiasmos que arribaban por la Avenida de Mayo, por Balcarce, por la Diagonal.

Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón.

(En Hechos e Ideas, febrero 1946.)

7/10/08

La Justicia del Bicentenario

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Un día como hoy pero mañana, los muchachos judiciales organizan una linda jornada en la Facultad de Derecho de la UBA. Se juntan a discutir sobre la justicia que viene, entre otros, Eugenio Zaffaroni, Héctor Recalde, Esteban Righi y Julio Piumato. Cierra una tal abogada Fernández. Como buenos bogas peronistas, ahí estaremos.
Será Justicia Social.