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15/7/07

Todos dopados truinfaremos

Un día como hoy pero de 1900 nace Enrique Domingo Cadícamo, poeta y compositor de más de 1.300 tangos, milongas y valses. Uno de todos ellos es el famoso tango Los mareados creado junto al pianista Carlos Cobián. El antecedente era un tango llamado Los dopados compuesto por Cobián para una obra de teatro de 1922 que decía en una parte lo siguiente:
Pobre piba, entre dos copas tus amores han logrado. Triste hazaña de un dopado que hoy festeja el cabaret

Años después, el gordo Troilo llega muy entusiasmado a su departamento trayendo una vieja grabación de Fresedo de Los dopados pensando que era una pieza sólo instrumental y le pide que escriba una letra. Ambos ignoraban que este tango ya tenía una. Entonces Cadícamo se puso a escribir Los mareados, lo que implicaba no sólo una nueva letra sino inclusive el cambio de nombre del tango.
Una vez terminada, Aníbal Troilo le mete unos arreglos fenomenales y lanza un inmenso éxito estrenando Los mareados con la voz de Francisco Fiorentino en el cabaret Tibidabo en 1942. Esa versión, tal como la conocemos ahora, decía:

Rara... como encendida te hallé bebiendo linda y fatal... Bebías y en el fragor del champán, loca, reías por no llorar... Pena me dio encontrarte pues al mirarte yo vi brillar tus ojos con un eléctrico ardor, tus bellos ojos que tanto adoré...

Duró lo que un pedo en un canasto ya que al año siguiente la censura impuesta por el entusiasmo moralista del gobierno militar del ’43 obligó a suprimir el lenguaje lunfardo y cualquier referencia a la embriaguez o expresiones que en forma arbitraria eran consideradas inmorales o negativas para el idioma. Cadícamo se vio entonces obligado a escribir una nueva letra, con un nuevo nombre: En mi pasado. Si bien reproduce la tercera parte, modifica totalmente las dos primeras, que comienzan así:
Separémonos sin llanto y esta escena no alarguemos... Es preciso que cortemos más, te quiero tanto y tanto...

Cuando fue citado por un funcionario de la Dirección de Cultura que objetaba la letra de Los mareados, el poeta se sentó frente a una máquina de escribir y redactó algunas estrofas que sometió a consideración del funcionario. "¿Así le gusta?", preguntó. "Esto está mejor", contestó el censor, a lo que Cadícamo, rompiendo en pedacitos lo que acababa de escribir, le contestó: "Pues sepa que esto es una porquería".
Por fin Los mareados resurge en su forma auténtica en el año 1949. Ocurrió cuando poetas y músicos le solicitaron una entrevista a Juan Domingo, por entonces presidente de la nación. La audiencia fue concedida el 25 de marzo de 1949. Encabezada por Homero Manzi, la delegación estaba integrada, entre otros, por Francisco Canaro, Aníbal Troilo, José Razzano, Charlo, Enrique Cadícamo, Alberto Vaccarezza y Lito Boyardo.
Todo fue muy rápido e informal. Perón los saludó y dirigiéndose a Vaccarezza le preguntó: "¿Cómo está, don Alberto? ¿Es cierto que lo afanaron en un bondi?". La prohibición quedó levantada con esta simple expresión del Pocho. No hacía falta nada más. Ni leyes ni decretos. La Justicia Social también era para los dopados y los mareados.

5 comentarios /:

... dijo...

Lo de siempre:en la calle y en vos,y en mi...cuando, de repente,de atrás de ese árbol,se aparece...parece que sólo yo lo veo.Porque pasa entre la gente, y los maniquíes le guiñan;los semáforos le dan tres luces celestes,y las naranjas del frutero de la esquina le tiran azahares.Y así,medio bailando y medio volando,se saca el melón,me saluda,me regala una banderita,y me dice...“Cuando anochezca en tu porteña soledad,por la ribera de tu sábana vendré con un poema y un trombón a desvelarte el corazón.” Entonces recuerdo a Enrique con su "gime, bandoneón, tu tango gris.Mientras llora mi alma de fantoche sola y triste en esta noche,noche negra y sin estrellas..."
Para oír cumpa...
http://www.todotango.com/spanish/biblioteca/letras/letra.asp?idletra=192#

el desmemoriado dijo...

"Todo fue muy rápido e informal. Perón los saludó y dirigiéndose a Vaccarezza le preguntó: "¿Cómo está, don Alberto? ¿Es cierto que lo afanaron en un bondi?". La prohibición quedó levantada con esta simple expresión del Pocho. No hacía falta nada más. Ni leyes ni decretos".
...Y sí, en épocas de dictadores discrecionales no funcionan las leyes y los decretos. Solo los caprichos del dictador, que medio siglo después suelen ser elevados de su abyectitud original a excelsitud laudatorias por orates interesados como los que hacen este blog. Menos mal que ahora por lo menos está de gobernador el turco Obeid, que al ser mas feo que un biguá debe consensuar políticas con el gran Hermes y no hacerse el tirano como ese Juan Domingo que ustedes nombran, afamado pederasta con el bozo caído y el cutis tajeado de infamias.

Un Día Peronista dijo...

Desmemoriado: Binners don´t use drugs.

Toma Donni (el memorioso) dijo...

Pero mirá vos que comentario pelotudo hace "desmemoriado" (el seudónimo lo dice todo).
Intentaría explicarle la diferencia entre un dictador y un presidente constitucional, pero... no tiene sentido discutir con tamaño necio.
Tal vez creas que utilizar los términos "abyecto", "laudatorio" u "orate", en un artículo que habla sobre el lunfardo, te otorga alguna altura por sobre tus tristes conceptos. Pero ni asi, no hay "pequeño larousse ilustrado" que te regale discernimiento sobre esas motes "libertadoras" que recibiste de cuna. En lunfardo, a la gente como vos se la llama tirifilo, tilingo y hasta otario.
Además, tarado... ¿qué decreto o ley hubieras pretendido?. ¿Uno que diga "permitese el lunfardo"?.
Como decía Perón: "el bruto es siempre peor que el malo, porque el malo suele tener remedio, el bruto no. He visto malos que se han vuelto buenos, jamás un bruto que se haya vuelto inteligente".

Anónimo dijo...

Interesante historia. En la misma línea que lo sucedido años después con la película La Patagonia Rebelde.
Osvaldo Bayer hizo personalmente la gestión con el Gral. Perón para levantar la prohibición. El enfrentamiento entre la históricamente gorila armada argentina y el ejercito, fue un factor gravitante en esa historia.
Lindo blog. Saludos cordiales