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27/1/11

Chistes viejos

Un día como hoy pero el próximo domingo, como todos los domingos, sale Ni a Palos junto a Miradas al Sur. Aquí, un adelanto...

Chistes viejos

¿Sabés ese que dice que una vuelta se juntan Cristina con Magnetto? Porque el ñato ya no sabía qué hacer de lo desesperado que estaba. Entonces le pide una reunión a la presi. Pero secreta, en un bote, en medio de un lago.

El tipo se había quedado muy astilla por la vez en que Néstor lo deschavó en 678 contando que había querido extorsionarlo con que lo dejara meterse en el negocio de las telefónicas. Así que esta vez, pillo, para vengarse y ganarle de mano, Magnetto escondió a un montón de periodistas independientes en la orilla, con cámaras de última generación, con mirilla telescópica, zoom onda planetario, camuflados a lo zaigón. También volvió a reclutar a los expertos en lectura de labios que en aquellas épocas gloriosas laburaban para Fútbol de Primera. Todo estaba listo y preparado para la Gran Venganza.

Cuando el botecito empezó a adentrarse en la laguna y al ver que Cristina no decía nada, Héctor quiso romper el hielo -que no se derretía ni con el terrible lorca de enero- haciendo un comentario como quien no quiere la cosa. “¿Calor, no?”, dijo, esperando una onda. “Mmmsé, puede ser, pero acá corre una linda brisita”, contestó la presidenta, mirando el reloj.

Primer titular: “La presidenta minimiza la agobiante ola de calor que sufrimos los argentinos y no le importa agarrarse una lipotimia”.

El señor descartó al toque la esperanza de que la charla transitara por carriles amistosos y le espetó, con un tono que dejaba claro que los preámbulos habían terminado y empezaba la reunión posta, que estaba muy preocupado por la desocupación. Cristina le contestó que ella también, por eso le sugirió a Magnetto que cumpliera con la sentencia judicial que obliga a Clarín a reincorporar a un grupo de delegados que había echado hace unos años. “Por algo se empieza”, dijo mostrando una sonrisa dulce pero irónica.

Segundo título: “Cristina quiere armar un sindicato contra Clarín”.

Tranquilo, ya que sabía que sus periodistas independientes apostados a la vera del lago estaban haciendo su arriesgada pero necesaria labor informativa, Magnetto no se enojó ante la respuesta de la presidenta. Continuó con sarcasmo: “pero convengamos en que la desocupación no se soluciona con que yo le devuelva el trabajo solamente a esas personas”. Cristina le dijo entonces que, por esa razón quería seguir profundizando el modelo económico que desde el año 2003, hizo bajar la tasa de desempleo de 20,7% a 7,9%.

Tercer título: “La presidenta aseguró que los que alguna vez trabajaron en Clarín serán casi los últimos argentinos en conseguir otro empleo”.

Más relajado, Héctor, sabiendo que ya contaba con tres titulares que dañarían la imagen de Cristina, se relajó un poco más y hasta se animó a tirar la chicana de que la Asignación Universal por Hijo era un exceso de demagogia. La presidenta, impávida, le dijo que “en la nueva Argentina, los únicos privilegiados son los niños”.

Cuarto título: “CFK banca a los menores que matan viejitas”.

No va que en el momento en el que la charla ya iba agotándose, una nube de mosquitos se acercó velozmente al botecito zumbando un ruido atronador. Curiosamente, rodean sólo a Magnetto que, nervioso y desesperado, tiene que tirarse al agua para que no lo piquen.

Quinto título: “El gobierno no hace nada para evitar las persecuciones a la prensa independiente”.

Luego de algunos segundos, los mosquitos siguieron su errante y desconocido camino alejándose del lugar. Cristina, viendo que Magnetto se hundía a varios metros del bote, reaccionó instintivamente, por acto reflejo y como por arte de magia empezó a caminar sobre el agua hasta llegar hasta donde el empresario de medios luchaba infructuosamente entre la vida y la muerte. Lo recogió y se lo llevó a upa hasta el bote.

Magnetto, que por ser un empresario egoísta y ambicioso que se benefició económicamente durante la peor dictadura gracias a sus contactos con los genocidas a cambio de tergiversar y ocultar la oscura realidad de persecuciones, torturas y muertes, no deja de ser un caballero, le agradeció a la presidenta haberlo ayudado a subir al botecito. Él ya se imaginaba el título principal…

“Cristina no sabe nadar”.

Volvieron hasta la costa en silencio, como si los dos supieran en el fondo que la reunión que estaba por terminar nunca debía haber pasado. Sin embargo, antes de despedirse, la presidenta le dijo bajito, casi al oído: “Yo no tengo problema en que mañana, usted titule su diario con `Cristina no sabe nadar´ pero déjeme poner en mi twitter que `A Magnetto le dicen diario mojado porque ya no se puede leer´”.