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17/4/12

Quien quiera oir que oiga


Un día como hoy pero ayer, Cristina manda un proyecto histórico al Congreso para que el estado recupere el control sobre YPF.

No es cuestión de hablar de los accionistas de Repsol, que naturalmente defenderán su interés económico particular, luego de haberse llenado de plata especulando y extorsionando, por supuesto que de forma absolutamente legal, dentro del marco de las reglas de juego claras y de la seguridad jurídica, que según ellos veníamos cumpliendo y respetando hasta ayer, aunque no haya habido ni un día desde el 25 de mayo del 2003 en el que dejen de decir que nuestro gobierno no respeta nada de nada porque tiene una fobia contra todo lo bueno y es fanático de todo lo malo.

Tampoco tenemos muchas ganas de comentar la reacción del gobierno español que es libre de pensar que haciendo declaraciones contra nuestro país, amenazandonos con grandes pestes y enfermedades para que modifiquemos nuestra decisión tan soberana como la suya, defiende los intereses de los españoles a los que teóricamente representa mientras los somete a un ajuste prolongado durante una de las mayores crisis económicas y sociales que recuerde su historia.

Otra de las cosas que, sinceramente, tampoco queremos comentar es la obvia y esperable reacción antinacional del diario Clarín que por estos días parece más español que el mismo Rajoy con tal de expresar su tan sano y consecuente compromiso infranqueable e insobornable con todo lo que signifique o pueda llegar a significar siquiera un resabio de esperanza de que, aunque sea alguna cosa, nos salga mal a los argentinos.

Confesamos, quizás con algo de culposa fiaca, que tampoco queremos reflexionar sobre la editorial de hoy del diario La Nación que dice textualmente que “No puede esperarse nada bueno del procedimiento elegido, que amenaza con colocarnos al borde de la peor crisis bilateral con España desde los tiempos de la colonia” confesando casi en forma literal que, para la tribuna de doctrina, las luchas por la independencia contra los realistas fueron simplemente una crisis bilateral, aunque la peor hasta el día de ayer, con nuestra madre patria y por si fuera poco que el resultado de aquella gesta histórica de nuestro pueblo hace doscientos años, hace suponer que algo tan parecido, como la recuperación de la soberanía sobre nuestros recursos, puede resultar igual. O sea, mal.

Menos queremos hablar de que, en un momento histórico tan particular, entre tantas tensiones y polémicas, Graciela Borges, con sus 70 años decidiera salir a contar en una radio que “si al hombre con el que estoy no le gusta el sexo oral, le doy un beso y me duermo”, porque la verdad que no tiene nada que ver. Aunque un poco, nos quedamos pensando.

El que sí tenía ganas de hablar hoy, por suerte, era un judío, marxista, joven, incauto y para colmo, adoctrinado por La Cámpora.